La vida fluye como un río, solo cuando uno deja de fluir las cosas se estancan, los problemas se amontonan y uno deja de sentir el flujo de la vida.
Fluir con la vida quiere decir aceptación: Dejar llegar lo que viene y dejar ir lo que se va.
Tú no eres lo que sucede, eres a quien le sucede.
Entre las orillas del placer y del dolor fluye el río de la vida. Solo cuando la mente se niega a fluir con la vida y se estanca en las orillas, se convierte en un problema.
“Si ahora pudiéramos poner todo en suspenso, todas nuestras ideas acerca de quiénes somos o de qué hacemos, de los padres que tenemos, de nuestros hijos, y quedarnos en un silencio absoluto, ¿qué queda?”
El latido, la presencia, el ser, el silencio, el vacío. Una manera de trabajar es acercarse a este vacío donde no existen, el bien y el mal; Simplemente existe la vida desplegando sus formas. Te conviertes en alguien contemplativo que no juzga a nadie, sino que trata de aceptar a todos, tal cual son. Ese fruto lo obtienen las personas que meditan: se anclan en un lugar que ya no tiene tanto que ver con si nuestros padres fueron buenos o malos, si nuestra pareja nos quiere o no nos quiere. En este lugar hay un gran asentimiento.”
Hoy, déjate fluir en el Ganges de tu vida y siente esa maravillosa sensación de libertad.
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